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Alvaro Bermejo, Un Crossover Imprescindible


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Publicado el 08 marzo 2012 - 19:03

ÁLVARO BERMEJO, UN CROSSOVER ESPAÑOL

Por Estíbaliz M. Gabilondo



No abundan en nuestra literatura autoresque se atrevan a tanto. Narrador de raza y de estilo genuino, en cada una desus novelas se lanza a la conquista de un mundo propio. Asalta tiempos y espacios,del mundo contemporáneo a la prehistoria, de la India milenaria a alAmazonia, de la Edad Mediaa la Atlántidamítica. El misterio dibuja una de sus claves, también los enigmas ancestrales,el fantástico y el histórico. Si traducimos el término crossover como laconjunción de relatos, lecturas, textualidades e intertextualidades, ÁlvaroBermejo se configura como uno de los representantes más genuinos de estaambiciosa y apasionante perspectiva narrativa.



Se dio a conocer con unaprimera novela absolutamente inusual. Las Arenas y el Templo ambientaba su acción en la Arabia del siglo XIX, dondeun aventurero de origen español intentará unificar a las tribus de beduinosfrente al dominio británico. La figurareal de Sebastián de Ulzama se nos presenta como un sorprendente antecesor deLawrence de Arabia, del que apenas nada se sabía hasta que este escritordonostiarra se atrevió a rescatar su gesta del olvido. De ahí en adelante suliteratura no deja de plantearse retos descomunales en fondo y forma. De la India contemporánea –en Benarés-,nos lleva la Amazonia de Fitzcarraldoa través de las páginas de ElDescenso de Orfeo, luego a las cruzadas medievales, con ElReino del Año Mil, después a la Cuba colonial, con una novela de amores pasionales, guerra ysantería, La Piedra Imán, enseguida hasta los Himalayas, con ElEvangelio del Tíbet, donde recrea, con abundante y no menosdesconcertante documentación, la posibilidad de una segunda vida de Cristo enuna lamasería perdida en el Techo del Mundo, y finalmente hasta la Creta de la II Guerra Mundial, con ElLaberinto de la Atlántida.



Tengo sobre mi mesa suúltima novela, El Clan de Atapuerca, la primera que se escribe en nuestro paíssobre la joya de la corona de la paleoantropología mundial. Apenas comenzar aleerla, y pese a que se trata de un relato para adolescentes, advierto en ellalos signos distintivos de un estilo que ha alcanzado su plenitud. El caudal de conocimientos históricosdestilados con la sutileza de un maestro, de manera que no lastren lanarración, el dominio de la tensión del relato, la elección de la palabraexacta, insustituible, el sentido del color, del sonido, de la sfumattura esencial, de la observaciónexacta, trabajan aquí a favor de un propósito: transmitir de manera palpable ydirecta las audacias y las nostalgias, las soledades y los atrevimientos de laeterna aventura de cuatro muchachos que emprenden un largo viaje sin retornohacia la conquista de sí mismos.



Como en las obras citadas,la fantasía es un ingrediente esencial en la narrativa de Bermejo. Cabe matizareste término. ¿Qué entendemos por un relato fantástico? ¿Aquel que aborda los territorios delmisterio? ¿El que desvela enigmas ancestrales, lindantes con el esoterismo o laciencia ficción? ¿O el que se adentra en la parte oscura de nosotros mismos?



La literatura de Bermejo participa de todoello, pero lo hace desde un planteamiento bien singular. No se amarra a ningunadefinición de literatura de género, pues la que sustancia sus relatos nada tieneque ver con la fantasía unidimensional aluso. Se diría que escribe desde diferentes planos. Parte siempre de una tramanarrativa decididamente realista que, sin embargo, libro a libro, y dentro deellos, capítulo tras capítulo, se involucra con todas las dimensiones de loinquietante, lo numinoso y sin embargo latente, aquello que parece sumergido ennuestro inconsciente colectivo. De ahíque su literatura parezca conectada a una corriente de consciencia donde comulganlos mitos ancestrales –de El Laberinto de la Atlántida a El Clan de Atapuerca-, los grandes enigmas de nuestra civilización–la búsqueda de la Jerusalén Celeste y del Santo Grial en El Reino del Año Mil-, oel abordaje de las culturas llamadas primitivas –en Benarés, La Piedra Imán y El Descenso de Orfeo-,sin que en ningún momento tengamos la sensación de abandonar la tierra firmeque pisamos. Y sin embargo, se pregunta uno al cabo de aventurarse encualquiera de sus relatos, ¿Dónde quedaron el mundo conocido, las confortadorasevidencias de eso a lo que llamamos “lo real”, y todas nuestras viejascertezas?



La suma de estosplanteamientos, o más bien de tantos atrevimientos, unida a un estilo narrativoúnico, de gran fuerza descriptiva, con personajes extraordinariamente bientrazados, hace de su literatura una obra singular. Más aún en el país que nosocupa, donde, ya entrados en el siglo XXI, sigue prevaleciendo un costumbrismo tardodecimonónico,tan previsible como recurrente. Bermejo rompe con esas barreras, deserta de lo dejà vu y propone un desafío a todo loconvencional. Sus personajes tienen mucho de perdedores alucinados, buscadoresde respuestas, navegantes solitarios perdidos en su laberinto dentro de un martempestuoso. Nada de todo ello les hace perder la tensión de la que nos hacepartícipes apenas dejándonos llevar por la estela de su pluma sobre el espejo de tinta. Ciertamente, como heapuntado al comienzo, no abundan en nuestra literatura autores que se atrevan atanto. Sólo por su excepcionalidad ya merecería ser catalogado a día de hoy yentre nosotros, como un autor absolutamente imprescindible.

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